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P.Elia

¡Ver para creer!
Liturgia del 15 de marzo - IV Domingo de Cuaresma
Juan, en el pasaje de su Evangelio que vamos a escuchar el domingo 15 de Marzo (Juan 9, 1- 41) , quiere que entendamos que para Jesús la luz de la fe es más importante que la luz de los ojos que le dio al pobre ciego de nacimiento que encontró en el Templo de Jerusalén.
Esto es claramente evidente por el hecho de que mientras la curación física, en el pasaje de Juan, ocupa sólo dos de los 41 versículos, los demás están todos dedicados al drama entre la luz de la fe que se abre paso lentamente en el corazón del humilde hombre milagrosamente curado por Jesús y la oscuridad de la incredulidad que paradójicamente se hace cada vez más espesa en el corazón de los arrogantes fariseos que, más que nadie, por su conocimiento de las Escrituras, deberían haber reconocido en Jesús al Mesías anunciado por los Profetas.
Queridos hermanos y hermanas, precisamente aceptando o rechazando la fe en Jesús, cada hombre y mujer que viene a este mundo decidirá el resultado de su futuro en el tiempo y en la eternidad.
De esta dramática batalla entre la luz de la fe y la oscuridad del orgullo surge la importante misión que Jesús nos confía a los cristianos: ser un signo en el mundo de la belleza y la pureza incomparable del amor de Dios por cada criatura. En efecto, precisamente a través de la fe, como nos recuerdan el Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco, el Espíritu Santo nos permite oír, ver y, de alguna manera, tocar la presencia y el poder salvador de nuestro dulcísimo y tierno Padre Celestial.

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